domingo 30 de noviembre de 2008

Hace dos años…


Hoy he estado extraña, triste, melancólica, muy triste...
No sabía, creía que era por las circunstancias emocionales que ahora mismo siento, pero no, no era eso.
Mi subconsciente estaba sintiendo algo, algo que mi mente selectiva no quería recordar.
Hoy hace dos años, dos años de mi nueva vida, de mi nuevo nacimiento, dos años en que tomé la peor decisión que una persona puede tomar, dos años en que mi estrella, el destino, o simplemente porque no era mi hora, volví a nacer.
Hasta hace solo muy poco, apenas unos minutos no me he dado cuenta de la fecha, 30 de noviembre de 2006, el día en que yo llegué a lo más hondo del alma, al abismo más terrible, a ser solo una sombra, un espectro equivocado y confuso, buscando una solución equivocada, un camino recto hacia ninguna parte.
Después de una visita con una psiquiatra, una segunda opinión, que me hundió más y más con cada una de sus palabras, de sus explicaciones, de sus teorías…
Después de meses sin encontrar el más mínimo aliento, la más mínima luz, sin parar de caer y caer día tras día.
Un día como hoy, hace tan solo dos años, mi mente enferma urdió un “plan perfecto”, un plan desesperado, con la idea equivocada de que mi enfermedad podía curarse por la vía recta, “un ingreso en urgencias y todo solucionado” como si se tratase de una apendicitis, o un brazo roto, en que al momento intervienen y te curan.
Pero era mi impaciencia, mi desesperación y mi propia enfermedad la que me llevó a esa conclusión tan absurda, a ese plan que podía haberme llevado a un lugar del que ya no hubiese vuelto jamás.
Eso es lo que mi corazón y mi alma sentían hoy, lo que mi mente había olvidado y mi subconsciente ha querido recordarme.

Esa mente enferma se levantó de la cama a medianoche, bajó a la cocina y se decidió a recolectar todos esos medicamentos que a lo largo de meses habían sido efectivos o no, porque por desgracia en una depresión no hay medicamentos exactos, hay pruebas, tardan en hacer efecto, luego algunos fracasan, otros se cambian porque el cuerpo se acostumbra y dejan de ser efectivos…
Así que tenía una buena colección de ansiolíticos, antidepresivos, somníferos y los esparcí por la mesa, me dedique a sacarlos uno a uno de sus envases, y cuando todos estuvieron preparados, incluso esas gotas para dormir, me dediqué a tomármelos en grupos, me pareció más rápido que uno a uno, bebí todo el frasco de esas gotas, que con apenas cinco hacían que me durmiera. Y en mi mente enferma pensé que si dejaba el vaso al lado de mi mano, cuando perdiera el conocimiento, cuando entrase en esa fase de inconsciencia, mi mano haría caer el vaso y eso despertaría a mi marido, a tiempo de llevarme a urgencias.

Ese pensamiento es lo último que recuerdo, no sé qué paso después, no sé, ni mi marido sabe, supongo que fue un shock encontrarme inconsciente, como ni porque se despertó, en ese momento no era consciente de que él tiene un sueño profundo, que pocas cosas hacen que se despierte.

A partir de ahí solo flashes, pequeñas imágenes, palabras de desconocidos…
Solo recuerdo llevar una máscara de oxigeno y un contante “no te duermas, despierta” Mi nombre repetido una y otra vez seguido de esa frase…
Luego de nuevo la oscuridad, más flashes, preguntas que me retumbaban en la cabeza, que no entendía y que era incapaz de contestar
¿Cuántas?
¿Qué?
¿A qué hora?
Y la imposición de tomar algo que se me antojó que era tóner de impresora, por su textura, el color negro y el sabor. ¿Cómo voy a saber yo como sabe el tóner de impresora? Pero se me antojó eso, ese es mi recuerdo.

Luego frio, mucho frio… estaba en el pasillo de urgencias, con suero, con mi marido a mi lado, me cogía la mano, su cara, que apenas podía distinguir, era triste, desesperada, y yo solo sentía frio, mis únicas palabras, casi imposibles de decir eran “tengo frio”
Luego de nuevo oscuridad, más tarde mi padre, mi hermana… otras vez sus rostros borrosos y desencajados… y mi marido sin separarse de mí, sin dejar de cogerme la mano.

No sé cuánto tiempo pasó, pero luego si fui consciente de volver a subir en una ambulancia, me trasladaban no sabía a dónde.
Entré de nuevo en una sala fría, helada, mi marido salía, entraba, otro médico haciéndome las mismas preguntas.
¿Por qué?
¿Cuántas?
¿Cómo?
Y yo solo sentía frio, un frio inmenso.
Sin poder balbucear más que esas dos palabras “tengo frio”


Pasó mucho tiempo, creo, las entradas y salidas eran constantes, y al final, cuando parecía recobrar un poco la conciencia ese medico me explicó algo que ya sabia

“has tomado una cantidad indeterminada de pastillas, lo consideramos un intento de suicidio, estas en el hospital psiquiátrico, deberíamos ingresarte, pero como mantienes cierta consciencia Tú debes tomar la decisión. Te dejo tiempo, piénsalo, habla con tu familia, y me dices que quieres que hagamos”

“no, no hace falta, quiero que me ingresen, quiero que me curen, quiero que me ingresen”

Esa conversación fue totalmente privada, al cabo de unos minutos entro mi familia, mi marido, todos lloraban, todos me decían ¿por qué?

No quería hablar, no podía hablar, necesitaba alejarme del mundo, necesitaba curarme en ese centro psiquiátrico, era lo único que mi mente enferma podía pensar.

Y así fue, a pesar de la negativa de todos mis seres queridos, me ingresaron en la unidad de agudos del hospital psiquiátrico.

Pedí no tener visitas, solo al segundo día decidí dejar que mi familia pudiese verme una hora al día.

El 6 de diciembre pedí el alta voluntaria, el psiquiatra sabía que no debía estar allí, yo descubrí que no debía estar allí, me dieron el alta.

Y empecé a comprender que no hay caminos rectos y rápidos para una depresión como era la mía.
Que tenía un largo camino que recorrer yo sola, desde el más profundo abismo al que había llegado hacia la luz que todavía era incapaz de ver.

Hay caminos tortuosos, experiencias amargas, pero sobretodo hay esperanza cuando estás vivo, por eso jamás me pondré de nuevo en peligro.


Hoy cumplo dos años,
dos años de mi nueva vida,
una vida que me está constando,
que como una niña de apenas dos años,
me enseña cada día…

8 Sentimientos:

Ciber Lola dijo...

¡¡¡¡¡¡ FELIZ CUMPLEAÑOS SAYURI !!!!!!
Espero que cumplas muchisimos mas y que mires la vida con alegría, que por muchas cosas que te pasen, todas son llevaderas y que lo mas bonito de la vida es VIVIRLA y hacerlo de la mejor manera posible, date todos los gustos que quieras y disfruta de ella.
Muchos besos

Yedra y Yago dijo...

Bueno, lo mejor... todo lo que te queda por delante, vivir un montón de momentazos!
Disfrutalas!
Un besazo
Yedra

Hyku dijo...

Vive!!
Hay más motivos en un día para ello que en mil noches de frustación.

Besos y que vengan muchos cumpleaños más.

Crika dijo...

Qué bien que sigues aquí, dos años después....así todos podremos disfrutar de ti ;)

Anonymus dijo...

No, nunca más, pero eso tu ya lo sabes. Nunca más porque ahora ya no eres aquella, ahora al fin ya eres tu. Y nunca más porque...bueno, creo que tu ya sabes el otro porqué :-)

Felices dos añitos!!! Si es que estás hecha un pimpollo, criatura!!!

Un dulce beso...

BettyBlu dijo...

Sigue hacia adelante mi niña. Un beso muy fuerte.

Mareve dijo...

Happy birthday to you, Happy birthday to you, Apio verde, apio verde, apio verde, tu yu...

Sientete muy feliz, sobreviviste a ello y ahora eres mucho mas fuerte, mucho mejor que antes.

Te mando una gran tarta de cumpleaños con un beso muy grande dentro.

Churra dijo...

Pues feliz cumpleaños.
me alegro muchisimo que estes aqui.
Un abrazo fuerte